jueves, 23 de junio de 2016

Destellos LXXIV


Postureo casi natural. De sensibilidad de maniquí.





         Estas fulguraciones se presentan hoy casi solas. Se han retroalimentado entre ellas, han dialogado y han parido otras.

         Las personas son más que una parte del sistema. La fraternidad, pervertida y usurera, vende felicidad a precios que casi todos pueden pagar: vender el alma, intransferible, al diablo, ya no es una proeza fáustica. Es un gesto cotidiano y sin ritual.

         Hay una revolución de las ideas agazapada, atrincherada. Permanece la esencia. La espuma vuela sin poso, raíz cuadrada disfrazada de hombre de los caramelos



Ser auditor de ISO es el sueño de todo poeta.


Vivir a este lado. La realidad encriptada, en la otra orilla de la cifra. Vivir. 


Bienser en el excipiente del malestar.


Era morena, de luna llena.



Erección de luz, faro que desvirga el cielo. Éxtasis horizontal de lo oscuro.



Higiene de la mirada: ver la realidad sin filtro de pantalla alguna.



De la hoguera al hogar. De la lengua al hablar.


Las ideas líquidas las recogen en recipientes, las hacen cubitos y, en el vaivén magmático y amorfo del aparentar, las descongelan en microondas pedagógicos y las venden, cual cápsulas cognitivas, disfrazadas de competencias, en cualquier tienda de ultramarinos, que ahora se llaman centros educativos.
Mientras, Sócrates juega al mentiroso con dios.


Liberté. Égalité. Fraternité.  Y sus descendientes espurios Sécurité y Confort.
La nueva revolución es americana y solo permite, en inglés y en nombre de la felicidad, combinar dos de los axiomas del lema.


Creatividad estandarizada: el gran tabanque de las aplicaciones.


Cuadriculación de los parámetros hasta hacerlos un manojo de nadas. Anda suelto mucho ingeniero listo. Andan muertos los poetas sabios.


Saber tiene hoy más de zahorí con máster en cartografías en las tripas de Mátrix que de sabio que ha digerido conocimiento y lo ha hecho intuición sin aperos ni prolongaciones.


Las analogías, las correspondencias, son hoy hipervínculos en una realidad ajena al lector (mutado ya en mirador). Victoria pírrica de la información sobre el conocimiento.
 


Hay una inquietud muda que tiñe, desde dentro, la felicidad.

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